No todos los xilófagos se combaten igual. Un tratamiento superficial contra carcoma no detiene una colonia de termita subterránea, y ningún biocida frena un hongo de pudrición si antes no se corta la entrada de agua. Por eso el primer paso siempre es identificar el agente.
Insectos de ciclo larvario: carcoma, capricornio y líctidos
En estos insectos el daño lo produce la larva mientras se alimenta dentro de la pieza. El adulto solo perfora para salir y reproducirse, de modo que cuando aparece el agujero el daño ya está hecho.
Anóbidos (Anobium punctatum, Xestobium rufovillosum), la carcoma común. Orificios de salida circulares de 1 a 3 mm y serrín granular suelto. Atacan albura de coníferas y frondosas, con preferencia por madera con cierta humedad ambiental. Es el agente más frecuente en mobiliario y entramados interiores.
Cerambícidos (Hylotrupes bajulus), la carcoma grande o capricornio de las casas. Orificios ovalados de 5 a 10 mm y serrín compactado en cilindros. Ataca la albura de coníferas y es el que más compromete las secciones estructurales: la larva puede pasar años vaciando el interior de una vigueta sin dejar señal exterior.
Líctidos (Lyctus spp.). Atacan la albura de frondosas con alto contenido en almidón —roble, fresno, castaño—. Orificios de 1 a 2 mm y polvo muy fino, casi como talco. Habitual en parqué, carpintería y tableros.
Termitas: subterránea y de madera seca
Las termitas no son de ciclo larvario: es una colonia completa la que consume la madera de forma continua.
Termita subterránea (Reticulitermes spp.), la de mayor riesgo estructural en la Comunitat Valenciana. Nidifica en el terreno y necesita mantener contacto con la humedad del suelo, por lo que construye túneles de barro para desplazarse. No deja orificios de salida ni serrín: excava siguiendo la veta y respeta la capa superficial, de modo que una vigueta puede estar hueca y parecer intacta. La ausencia de síntomas visibles es su rasgo más peligroso.
Termita de madera seca (Kalotermes flavicollis). Anida dentro de la propia madera, sin contacto con el suelo, y expulsa excrementos granulares que se acumulan como arenilla bajo la pieza. Mucho menos frecuente en vivienda peninsular.
Si este es el caso, somos expertos en el tratamiento de termitas en Valencia.
Hongos de pudrición
Los hongos degradan la madera químicamente y necesitan humedad en la pieza por encima del 20 % aproximadamente. Por eso son casi siempre síntoma de un problema constructivo previo: una filtración, un apoyo de vigueta en muro húmedo, una cubierta mal resuelta, un forjado sanitario sin ventilar. Tratar el hongo sin cortar el aporte de agua no sirve de nada.
Pudrición parda o cúbica. El hongo consume la celulosa y deja la lignina. La madera se oscurece, se agrieta en cubos y se desmenuza entre los dedos. Provoca las pérdidas de resistencia más rápidas y severas. Serpula lacrymans —el moho seco o merulio llorón— es especialmente grave porque transporta su propia agua y puede propagarse atravesando fábrica de ladrillo hasta alcanzar madera que estaba seca.
Pudrición blanca. Degrada celulosa y lignina a la vez. La madera se aclara y adopta aspecto fibroso y esponjoso. Más habitual en frondosas.
Pudrición blanda. Requiere humedades muy altas y sostenidas. Ataca la superficie, que queda reblandecida y se puede rayar con la uña. Típica en madera en contacto con terreno o en ambientes saturados.
Hongos cromógenos: manchan pero no debilitan
Los hongos cromógenos producen manchas azuladas o grisáceas en la madera, pero no afectan a su resistencia mecánica. Es un problema estético, no estructural. Merece la pena saberlo antes de contratar nada: hemos visto presupuestos de refuerzo emitidos por una mancha que no comprometía la pieza.